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Literatura de la felicidad


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1. Una idea tan aparentemente clara y luminosa como la idea de felicidad exige que las personas interesadas dirijan su mirada hacia el ingente conjunto de materiales que sobre la misma se han impreso y publicado. No queremos decir que sólo a través de lo escrito e impreso tengamos acceso a “lo que sea la felicidad”, porque, desde luego, también hay muchas cosas sobre las que se escribe que poco o nada tienen que ver con la felicidad; y, por supuesto, existe un enorme conjunto de referencias reales no necesariamente escritas e impresas que, igualmente, tienen que ver con la felicidad, y, por lo tanto, no forman parte del conjunto de escritos sobre la felicidad.

Si al conjunto de materiales impresos, tales como artículos, noticias de prensa, columnas periodísticas, frases sobre la felicidad, prospectos de envases de sustancias tranquilizantes o estimulantes, publicidad, canciones, películas, insignias y todo tipo de rótulos lo denominamos “literatura de la felicidad”, al conjunto de hechos, experiencias y doctrinas sobre la felicidad que tienen como característica común no aparecer escritos, los denominaremos “felicidad ágrafa”. Esta distinción entre una “literatura de la felicidad” y una “felicidad no literaria, ágrafa” nos pone ante una interesante paradoja relativa a la literatura de la felicidad, a saber: que la contraposición entre lo narrado y lo vivido es una contraposición artificial, porque lo escrito sobre la felicidad es también una forma de vivir. Consecuentemente, cabría un planteamiento crítico sobre la felicidad misma de la que tanto se escribe y se habla; un planteamiento según el cual esta no sería algo muy distinto de lo que se encuentra en la propia literatura de la felicidad, lo que nos llevaría a plantear, entonces, si la clase de la felicidad no sería ella misma la clase vacía.

2. Así pues, denominaremos “literatura de la felicidad” al conjunto de materiales impresos que se refieren a la felicidad. Este conjunto de materiales impresos es el resultado de una operación que engloba a tales materiales discriminándolos de muchos otros, escritos o no escritos, y que tratan o no de la felicidad. “Literatura de la felicidad” es así un concepto totalizador. Pero este rótulo invita a dos tipos de operaciones de discriminación relativas respectivamente a la claridad y distinción del mismo. Por una parte, una operación orientada a la claridad del concepto, discriminando entre “literatura de la felicidad” y otros conjuntos, literarios o no; por otra, distinguiendo las partes o clases de la literatura de la felicidad.

Siguiendo la línea de la claridad, literatura de la felicidad se opone a lo que no sea “literatura” de la felicidad, sin perjuicio de que, a su vez, estos conjuntos de materiales tengan que ver con la “felicidad”; literatura de la felicidad tendría que ver, eso sí, con el lenguaje escrito (alfabético) en torno a la felicidad. Desde esta perspectiva la idea de felicidad sería ante todo una “figura literaria”. Por lo que se refiere a la línea de la distinción, se trata de establecer una clasificación de las partes del conjunto “literatura de la felicidad” que impida el deslizamiento hacia una noción confusa y amorfa del mismo. En consecuencia, se hace necesario dar con un criterio pertinente que nos permita establecer tal clasificación. Y, en todo caso, hemos de tener en cuenta que la literatura de la felicidad concita una constelación de “ideas” que acaban siempre desbordando los ámbitos profesionales categoriales, &c.

3. Así pues, desde las coordenadas del materialismo filosófico, nos inclinaremos por un criterio al que denominamos “criterio arquitectónico”. Se trata de un criterio objetivo que no pretende entrar en supuestos de valoración (lógica, estética, ética), y que cumple las condiciones de discriminación clasificatoria. Es un criterio que, por otra parte, tienen un alcance etic, pero, a la vez, es capaz de recoger los componentes emic de la literatura de la felicidad. Este criterio pretende una clasificación de la literatura de la felicidad que involucre las propias “líneas de construcción” de los distintos componentes que forman parte del conjunto de referencia. Desde el punto de vista de este criterio arquitectónico, podremos establecer una clasificación de la literatura de la felicidad en dos grandes grupos. En primer lugar, los escritos en los que aparezcan, de forma representada o de forma ejercida, el principio o fundamento tomado como criterio. En segundo lugar, el de los escritos en los que no esté presente, explícita o implícitamente, tal principio o fundamento. El fundamento a partir del cual se articula el criterio arquitectónico que vamos a tener en cuenta es el “principio de felicidad”, de manera que a tenor de este principio y teniendo en cuenta los criterios de presencia o no del mismo y la tipología de esta presencia obtenemos cuatro clases de “literatura de la felicidad”: (A) Literatura de la felicidad que asume el Principio de felicidad tanto en el plano del ejercicio como en el plano de la representación; (B) Literatura de la felicidad que asume el Principio de felicidad en el plano de la representación pero no en el plano del ejercicio; (C) Literatura de la felicidad que asume el Principio de felicidad en el plano del ejercicio pero no en el plano de la representación; (D) Literatura de la felicidad que se mantiene al margen del Principio de felicidad.

Marcelino Javier Suárez Ardura

Felicidad canalla, Principio de felicidad, Concepciones de felicidad, Doctrinas de felicidad

→ Gustavo Bueno, El mito de la felicidad, Ediciones B, Barcelona 2005, 391 págs.

→ Gustavo Bueno, Los conceptos y las Ideas de la felicidad, Tesela número 84.

→ Gustavo Bueno, Fenómenos e Ideas de la felicidad, Tesela número 86.

→ Gustavo Bueno, Teorías, doctrinas y concepciones de la felicidad, Tesela número 88.