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Emergencia/Reducción


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1. Los conceptos de emergencia y reducción deben ser entendidos, junto con el de anamórfosis, como metodologías gnoseológicas alternativas entre sí, orientadas al análisis de determinadas transformaciones reales o formales-materiales. En concreto, la aplicación a una transformación determinada del concepto de anamórfosis exige como paso previo tener en cuenta las alternativas de la emergencia –en el sentido que aquí denominaremos emergencia positiva– y de la reducción.

Los procesos de transformación que pretendemos analizar según el sistema de alternativas (emergencia positiva, reducción, anamórfosis) tienen que ser contemplados desde una perspectiva holótica. Esto significa que estamos siempre ante todos atributivos (T), aunque también ante totalidades distributivas (𝔗). En el análisis de tales transformaciones habrá que tener en cuenta su estructura circular, lo que implica un trámite de regressus tras el cual habría de tener lugar el consiguiente progressus que cierre el círculo Pero estas analogías regressivo-progresivas en modo alguno deben ser consideradas desde una perspectiva acausalista, es decir, en términos de una emergencia absoluta o una evolución creadora, lo que significaría caer en una concepción metafísica de tales transformaciones.

2. La emergencia positiva es un concepto con el que se trata de interpretar determinadas transformaciones en el sentido de ‘algo sumergido que sale a la superficie’. Por ello hablamos del sentido positivo de la emergencia, en contraposición con el sentido metafísico acausalista (emergencia creadora, emergencia del hombre, &c.) propio del emergentismo. Con la expresión «emergencia positiva» nos referimos a todas las modulaciones de transformaciones idénticas tanto si lo que se transforma es una sustancia como si es una esencia. En ambos casos, nos encontramos ante una transformación que implica la variación entre el fenómeno o apariencia del objeto variado y la realidad sustancial o esencial.

Hablaremos de emergencia sustancial en el caso de un fenómeno tal, sumergido, del que, al emerger, diremos que es, por ejemplo, un delfín o un galeón. La transformación puede afectar al objeto transformado con su entorno –como en el caso del submarino que emerge a la superficie–, pero también al objeto considerado según las relaciones entre sus partes –transformación idéntica estructural– como cuando decimos que un jarrón roto en diversas partes formales emerge al componerse estas partes –sin que estuviese previsto que fueran de ese jarrón–. En ambas situaciones, delfín o jarrón, hablaríamos de una emergencia positiva sustancial. Ahora bien, no hay que perder de vista el hecho según el cual en estos casos, en la línea del progressus, la emergencia supone ya existente la totalidad –la totalidad del delfín, del galeón del submarino o del jarrón–. Por su parte, la emergencia esencial, aunque no trata de un individuo del que se pueda decir que numéricamente sea el mismo (transformación idéntica), sí hay que decir que está ligado causalmente a aquel, como en el caso de la reproducción de los organismos dentro de la especie.

El uso metodológico de los casos de emergencia positiva solo podrá probarse en la medida en que su terminus a quo sea siempre intencional y efectivamente corpóreo, pero si ocurriera que algunas de estas condiciones no se dieran ya no podríamos hablar de emergencia positiva. Difícilmente cabría aplicar esta metodología cuando la totalidad emergente no existe o preexiste: estaríamos ante una transformación de otra naturaleza. Consecuentemente, habría que desechar el método de la emergencia positiva en el análisis de aquellas transformaciones. Cuando la metodología de la emergencia positiva no funciona acaso tengamos que ensayar el método alternativo de la reducción o de la anamórfosis, librándonos así del emergentismo.

3. Las metodologías reductoras podrían comenzar a utilizarse a partir de esta impracticabilidad del método de la emergencia. En realidad, lo que en numerosas ocasiones se conceptúa como una emergencia ni siquiera se puede entender por tal, pues se explicaría mejor como una reducción o como una anamórfosis, según el caso. En primer lugar, hay que tener en cuenta que el término del regressus del análisis reductivo ya no es una totalidad idéntica preexistente como en el caso de la emergencia (delfín, submarino) sino una totalidad o conjuntos de partes de diversas totalidades entretejidas no idénticas a la estructura problema. En segundo lugar, los términos de la resolución (del regressus) tienen que permitir «reconstruir» o «constituir» (en el progressus) la estructura problema. De cualquier manera, la estructura-problema se determina como un fenómeno respecto a la estructura-básica que obtenemos en el regressus. Cuando el circuito entre el regressus y el progressus quede cerrado, la reconstrucción se considerará perfecta, porque el recubrimiento de la reconstrucción-reducción –se dirá– no deja residuo. Ahora bien, cuando esto no ocurra pero se insista en la aplicación de la metodología reductora estaremos incurriendo en un reduccionismo. Si la metodología reductora se considera ajustada entonces no cabe hablar de reduccionismo.

Es posible clasificar las metodologías reductoras en tres tipos: descendente, ascendente y horizontal. El criterio de clasificación de estas metodologías reductoras lo tomamos de la relación entre los grados de complejidad holótica de los términos a quo y ad quem de la reducción. Teniendo en cuenta el regressus, cuando el terminus a quo es más complejo que el terminus ad quem la reducción será descendente, pero en el caso contrario será ascendente. Se considerará que hay reducción horizontal cuando la complejidad entre los términos se estime de un nivel equivalente.

4. En una situación según la cual las alternativas tipo emergencia positiva o tipo reducción no funcionen –caso de no cumplir los requisitos establecidos–, o no sean capaces de dar cuenta por reducción o por emergencia de la estructura problema, habrá que recurrir al método de la anamórfosis. Esta es la razón por la que decimos que el método de la anamórfosis responde a una dialéctica apagógica, con el fin de ponerse a salvo del emergentismo o del reduccionismo. Consecuentemente, la aplicación del método anamórfico ya no dependerá de la exclusiva voluntad del sujeto sino que éste ha sido conducido, por así decir, a la anamórfosis tras verse obligado a desechar las metodologías alternativas.

Marcelino Javier Suárez Ardura

Gnoseología  ❦  Ontología  ❦  Cierre categorial  ❦  Diamórfosis  ❦  Anamórfosis

→ Gustavo Bueno, «El cierre categorial aplicado a las ciencias físico-químicas», en Actas. I Congreso de teoría y metodología de las ciencias, Pentalfa, Oviedo 1982, págs. 101-164.

→ Gustavo Bueno, Teoría de cierre categorial 5, Pentalfa, Oviedo 1992, 259 págs.