Doctrinas de la felicidad
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1. Las doctrinas de la felicidad constituyen el Estrato V del campo de la felicidad. Así como las teorías de la felicidad (estrato IV) hacen referencia a los conceptos (estrato II) inmanentes al campo, y en su envoltura involucran a los fenómenos (estrato I), las doctrinas de la felicidad nos remiten a las Ideas (estrato III) de felicidad, lo que no obsta para que tengan que ver también con conceptos. En efecto, una doctrina de la felicidad está formada por una concatenación de Ideas y, al contrario que las teorías de la felicidad, que nos someten a la inmanencia de las categorías del campo, las doctrinas de la felicidad desbordan el campo de las teorías de la felicidad involucrando otros campos. Este desbordamiento del campo felicitario se explica porque las Ideas y, por supuesto, la idea de felicidad «transcienden» –en un sentido muy preciso de «transcendental»– siempre los distintos campos fenoménicos y conceptuales. Ideas tales como Vida, Hombre, Espíritu, Cosmos, Dios no pueden ser atribuidas a un campo fenoménico y conceptual específico porque son «transcendentales» a todos los campos. De la misma forma que decimos que las teorías de la felicidad no pueden ser consideradas como superestructuras con relación a una infraestructura fenoménica, hay que afirmar que tampoco las doctrinas de la felicidad pueden ser pensadas en igual sentido: doctrinas y fenómenos del campo felicitario se conjugan dialécticamente. Las doctrinas de la felicidad suponen también distinciones, clasificaciones, confrontaciones, &c., de los fenómenos. En suma, teorías y doctrinas felicitarias pertenecen por derecho propio al campo de la felicidad y en él se entreveran de formas diversas.
2. La dialéctica entre las doctrinas y el resto de los estratos del campo de la felicidad es muy compleja porque todos los estratos están involucrados entre sí. Sin embargo, se pueden establecer criterios de discriminación que nos permitan disociar con toda claridad y distinción las doctrinas de las teorías. Entre otras razones, porque hay que tener en cuenta que también las doctrinas son contenidos conformadores de los mismos contenidos básicos del campo de la felicidad. De alguna manera, las doctrinas –pero también las teorías– son corrientes que se abren camino in medias res del mismo proceso de la vida felicitaria. Pero, a pesar de la miscelánea del campo felicitario, donde se presentan de una forma borrosa fenómenos, conceptos, Ideas, teorías y doctrinas la necesidad de la distinción ha de mantenerse por razones críticas. Además, aun reconociendo tal borrosidad, no concluiremos que no exista la distinción a que nos referimos. Así mismo, de forma semejante a como lo hacemos respecto a las teorías, podemos hablar de doctrinas científicas, de doctrinas filosóficas e incluso de doctrinas ideológicas (nematológicas, teológicas, políticas, &c.). Empero, el criterio que permite distinguir con el máximo rigor las doctrinas de las teorías ha de pasar bien por la inmanencia o ya por el desbordamiento del campo básico de la felicidad. Al contrario de las teorías, que permanecen en el dintorno del campo, las doctrinas desbordan siempre el contorno que delimita la inmanencia referida: «Las doctrinas tenderán a establecer las conexiones mínimas que el sistema inmanente de los fenómenos haya de mantener necesariamente con su entorno» (Gustavo Bueno, El mito de la felicidad, pág. 147); un entorno que, como sabemos, viene dado por el «estado del Mundo» relativo a cada sociedad o periodo histórico. Entonces, de la misma manera que las teorías necesitan complementarse con las doctrinas, ahora, diremos que las doctrinas permanecen implícitas en las teorías, y ello sin perjuicio de que una doctrina determinada carezca de homogeneidad científica como puede comprobarse en la teoría de la gravitación de Newton con relación a las doctrinas sobre el origen y distribución de los planetas o en la teoría de la evolución de Darwin respecto a las doctrinas de Oparin o de Teilhard de Chardin.
3. En suma, no es posible separar de un tajo las doctrinas de las teorías, como si el arte cisoria permitiese cortar, con criterio de carnicero, los contenidos del campo felicitario, como si fueran independientes unos de otros, o como si fuera posible la neutralidad. Las doctrinas involucran a las teorías y viceversa. Cabría admitir finalmente la posible coordinación entre teorías y doctrinas, de un lado y, de otro, la distinción gnoseológica entre capas básicas y capas metodológicas. De modo que las doctrinas tendrían que ver antes con las capas metodológicas que con las capas básicas; y esto dicho sin perjuicio de que las doctrinas incidan así mismo en la envoltura requerida por cada ciencia.
Marcelino Javier Suárez Ardura
→ Felicidad canalla, Principio de felicidad, Concepciones de felicidad
→ Gustavo Bueno, El mito de la felicidad, Ediciones B, Barcelona 2005, 391 págs.
→ Gustavo Bueno, Los conceptos y las Ideas de la felicidad, Tesela número 84.
→ Gustavo Bueno, Fenómenos e Ideas de la felicidad, Tesela número 86.
→ Gustavo Bueno, Teorías, doctrinas y concepciones de la felicidad, Tesela número 88.