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Esencia genérica: núcleo, cuerpo y curso


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1. Desde el Materialismo Filosófico, entendemos la esencia genérica como concepto dialéctico, como una estructura procesual que se va desenvolviendo según reglas de variación o transformación. En este sentido, la esencia no es “siempre idéntica a sí misma”, como ocurre en los géneros porfirianos, sino que es un género que se distribuye en especies distintas que se transforman las unas en las otras, al modo de los géneros plotinianos o combinatorios.

La esencia genérica tiene la forma de una totalidad sistemática, es decir, de una totalización de partes que no se codeterminan causalmente, ni se intersectan estructuralmente. Por eso, la esencia genérica sólo puede expresarse mediante el desarrollo de sus partes más heterogéneas y opuestas entre sí, incluyendo a aquellas fases en las cuales la esencia misma desaparece y se transforma en su negación.

2. La idea ontológica de esencia genérica, como totalidad procesual comporta un desarrollo evolutivo interno según los siguientes momentos: una raíz o género radical, que por anamórfosis se transformará en el núcleo o género generador; un género, que se desarrollará a través de un cuerpo (exterior al núcleo); y un curso, en el que el núcleo, envuelto por su cuerpo, se modificará internamente dando lugar a varias fases.

La esencia se organiza a partir del núcleo o género generador, pero teniendo en cuenta que el núcleo no es la esencia; la esencia genérica no puede reducirse a su núcleo porque también el cuerpo y el curso son esenciales, y por eso, la esencia se da sólo en su desarrollo, como “género generado”.

El cuerpo está formado por las capas acumulativas que proceden del exterior del núcleo y que envuelven a la esencia a modo de “corteza”.

El curso está constituido por el conjunto de fases evolutivas de la esencia genérica.

Núcleo, curso y cuerpo son, por tanto, determinaciones específicas de la esencia genérica. Por eso, la Idea de esencia genérica sólo se muestra en el desarrollo de esos tres momentos. Lo podemos ver, con un ejemplo, a través de las curvas geométricas obtenidas al intersectar un cono recto con un plano. Efectivamente, si tomamos a las secciones cónicas como una esencia genérica del campo matemático, su núcleo podría ponerse en la intersección del plano secante y la superficie del cono (ambos son componentes o elementos del núcleo); el cuerpo de esa esencia genérica estaría constituido por el conjunto de funciones polinómicas (con sus parámetros) que convienen a las líneas de intersección respecto de sistemas exteriores de coordenadas; el curso de esta esencia es el conjunto de las especies (circunferencia, elipse, parábola, hipérbola) que van apareciendo, y, entre las cuales, figurarán la recta y el punto como “curvas degeneradas” (en las cuales el núcleo desaparece).

3. Estos tres momentos de la teoría ontológica de la esencia, los ha utilizado Gustavo Bueno como procedimiento dialéctico interno que le ha permitido construir una teoría de la religión (El animal divino), una teoría política (Primer ensayo sobre las categorías de las “Ciencias Políticas”) y una teoría de la ciudad (Teoría general de la ciudad). Estas teorías evolutivas muestran cómo la esencia de la religión, la sociedad política o la ciudad no son esencias fijas, sino esencias que cambian desplegándose según fases internas a su propio concepto. No son, por tanto, teorías eruditas que muestren minuciosamente el despliegue histórico de las religiones, las sociedades políticas o las ciudades, sino teorías filosóficas que partiendo de los diversos materiales fenoménicos dan cuenta de sus desarrollos esenciales atendiendo a su núcleo, su desarrollo y su fin (su fin interno, dialéctico).

En la “Cuestión 6ª” de las Cuestiones cuodlibetales sobre Dios y la religión, da Bueno el siguiente apunte de cómo habría de tratarse el concepto de magia desde la teoría de la esencia: “una definición esencial no porfiriana, comenzaría por determinar un núcleo de la magia tal, que fuera capaz de desenvolverse en un cuerpo cambiante hasta un punto, en el que la magia pudiera quedar transformada conceptualmente (no sólo empíricamente) en otras estructuras, eventualmente, en religión o en ciencia (a la manera como la elipse se transforma en círculo o en hipérbola)”.

Carmen Baños