Los diálogos de Platón

Características de los diálogos platónicos

La obra de Platón consta de una importante colección de textos escritos en forma de diálogo. En contra de lo que a veces se cree, el género del diálogo, como expresión intelectual o filosófica, no «pre-existe» a Platón. Es decir, Platón no escribe diálogos buscando una forma de difusión más amena para la filosofía o intentando huir de un género más canónico (como, pongamos por caso, el tratado).
Además de que no existía antes de Platón ningún género de escritos que pudiera reconocerse canónicamente como filosofía, los modos como los pensadores «pre-socráticos» se habían expresado iban desde el aforismo al poema, sin que lo que hoy llamamos «tratado» estuviese en modo alguno consagrado literariamente.

Así pues, los «diálogos« de Platón, como obra escrita, fueron una absoluta novedad en su tiempo, y estuvieron tan ligados a la expresividad de la filosofía como en tiempos posteriores lo hayan llegado a estar otros géneros textuales, como el ya citado del tratado.
Naturalmente, el precedente de los diálogos platónicos es, en lo formal, el teatro de su tiempo, en donde la técnica del diálogo se había desarrollado de forma muy importante desde la época arcaica, aunque el uso que de él hace Platón sea tan poco teatral como poco épico es el uso de la poesía que hicieron Parménides o Empédocles en sus respectivas obras.
De los diálogos de Platón como forma de escritura cabe señalar una serie de características:

1) La mayoría de ellos están protagonizados por Sócrates. La discusión acerca de si esto ha de interpretarse o no en el sentido de que Platón se limitaba a transmitir las ideas de Sócrates o si, por el contrario, (y sobre todo a partir de cierto momento «de madurez»), utilizaba este personaje como portavoz de sus propias ideas, es irrelevante, entre otras cosas porque no puede zanjarse (Platón es nuestra principal fuente de información sobre la vida de Sócrates) y porque Sócrates, para Platón como para muchos otros de sus discípulos, más que un personaje histórico, o además de eso, es la encarnación viva de lo que su posteridad ha de entender por filosofía.

2) El hecho de que Platón no hable jamás en primera persona, sino que presente como protagonistas a otros personajes que, en muchas ocasiones, relatan a su vez historias o acontecimientos de los cuales ellos mismos no son protagonistas, limita las posibilidades de atribuirle a Platón tales o cuales doctrinas, puesto que manifiesta y deliberadamente huyó de esta atribución negándose a presentarse como autor o defensor de unas supuestas teorías.
Este problema se agrava cuando notamos que también Sócrates, en los diálogos platónicos, se niega a aparecer como sabio o como representante de tales o cuales contenidos doctrinales o discursos teóricos. Y ello es una indicación importante en el sentido de que, para Platón, la filosofía no es un saber doctrinal o un conjunto de teorías, sino que, como ya sucedía en el caso de Sócrates, consiste en cierta «actividad».

3) Otra propiedad de estos diálogos –en la mayoría de los cuales Platón se esfuerza por mantener la verosimilitud de los personajes y de las circunstancias que los rodean– es que en ellos aparecen a menudo narraciones ficticias o fantásticas, historias mitológicas, símiles o analogías imaginarias, etc.

Estos recursos pueden resultar extraños para un lector moderno, acostumbrado a un divorcio radical entre lo poético y lo intelectual, o entre el mito y la razón, pero estas disyunciones excluyentes no estaban en absoluto vigentes en la Grecia clásica.
Digamos, para concluir este apartado, que si el género del diálogo no existía entre los autores anteriores a Platón, y si él tuvo que forjarlo para dar expresión al primer texto de filosofía propiamente dicho de nuestra tradición, esto ha de indicarnos al menos que la forma del «diálogo» debe de ser de algún modo inherente al asunto mismo del cual Platón se propone tratar en esos escritos, y no puede constituir un mero recurso estilístico para presentar una teoría de forma más accesible.

Por tanto, ha de haber alguna conexión interna entre el diálogo y la filosofía (entendidos ambos al modo de la Grecia antigua, claro está). Esto es tanto más probable por cuanto Platón designa a menudo la filosofía –o el tipo de saber que en esos diálogos se persigue– con el nombre de «dialéctica», nombre que, antes de cualquier otra consideración, significa ‘arte del diálogo’.


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Navarro Cordón, Juan Manuel y Pardo, José Luis. Historia de la Filosofía, Madrid, Anaya, 2009